Cuando a Porfirio Díaz se le ocurrió conceder una entrevista a James Creelman, corresponsal especial del Pearson’s Magazine de Nueva York, en marzo de 1908, nunca se pudo imaginar que sería el principio del fin de su dictadura. El General Díaz, ya casi chocheando, dijo a Creelman sin tapujos ni vacilaciones: «Tengo firme resolución de separarme del poder al expirar mi periodo, cuando cumpla ochenta años (…) y no volveré a ejercer la presidencia» . Dos años después, estalló la Revolución Mexicana.
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