Por Lourdes Téllez ©
«El jueves» es una revista semanal afincada en Cataluña, que desde hace más de treinta años ha venido criticando y satirizando la escena política de España. Imágenes burdas, absurdas y simplonas que no gustan a los políticos o a quienes en ella aparecen, pero que la misma sociedad ha hecho posible que sigan su curso... la longeva vida de una publicación como ésta así lo demuestra.
¿Y por qué o a cuenta de qué se trae a «El Jueves» a colación? La respuesta hay que encontrarla en una portada con una caricatura del Príncipe Felipe y de la Princesa Letizia practicando el acto sexual. La respuesta también hay que encontrarla en lo que vino después: la actuación de un juez de la Audiencia Nacional, Juan del Olmo, que con la revista entre sus manos decidió aplicar una añeja medida, más propia de la dictadura anterior: secuestrar como medida cautelar dicha publicación y llamar a declarar a los autores de la caricatura.
Todo fue tan rápido. La noticia se esparció como un reguero de pólvora. Poco pudieron hacer los policías nacionales cuando acudieron a los kioscos a «secuestrar» la revista. No quedaba ni un solo ejemplar.
Parece mentira que en pleno siglo XXI y en esta Europa tan moderna que intenta dar una imagen paradigmática de la Democracia, se den casos tan rocambolescos como el secuestro judicial de una publicación impresa. Será que las normas básicas de convivencia no estén del todo escritas. Será también que eso a lo que llamamos libertad de expresión realmente no esté bien definido y así, pasa lo que pasa. No hay más que ver los cientos de miles de minutos de emisiones televisivas donde el honor y la dignidad de las personas son términos tabúes que se dejan de lado.
A este extraño suceso del secuestro de «El Jueves», libertad de expresión aparte, también se le puede dar otra lectura, más focalizada en la figura de la Monarquía española. ¿Por qué se ataca a otras figuras igualmente importantes como la unidad de España o los símbolos nacionales con total impunidad mientras que al mínimo atisbo de ataque a la Corona se disparan todas las alarmas? La pregunta no tiene desperdicio. La Monarquía en España ha sufrido numerosas mutaciones a lo largo de su historia. Las comparaciones son odiosas y más cuando se busca comparar monarcas del pasado con los de la historia contemporánea. Mejor no acordarse ni de Isabel II ni de Alfonso XIII. La Monarquía de hoy no representa los valores arcaicos de hace un siglo. La Monarquía encarnada en Juan Carlos I representa a una España que pudo salir del trago amargo de una dictadura con respeto, acuerdos y, sobre todo, no violencia. Por eso, sólo por eso, sigue vigente. Para los españoles que vivieron o nacieron en la etapa de la Transición, el Rey representa el cambio y el desarrollo democrático. Si se le ataca, se ataca a los principios democráticos que sentaron las bases de lo que hoy es España.
Así, una publicación como «El Jueves» donde se satiriza a dos miembros de la Familia Real, no gusta a un juez como Del Olmo, afincado en esa generación de la Transición; al mismo tiempo que parece irrelevante para muchos jóvenes del 2007 que poco tienen que ver con aquellas canciones protesta y con los pantalones acampanados de aquella época.
En definitiva. Hay que seguir el curso de los acontecimientos. «El Jueves» es una pequeña muestra de esta transición ahora generacional donde se deben volver a asentar las bases de una democracia «provisional» que sirvió para salir del paso tras la dictadura, a otra más renovada y más acorde con los tiempos que corren.
El Jueves y el conflicto generacional
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